Siento, pienso, miro, oigo, desde el fondo de mi alma, a
veces no sé qué hacer, entonces sólo me queda esperar, meditar, orar y estar
atenta para captar cualquier rayo de luz que ilumine ese camino que en
ocasiones se torna oscuro, y no me permite moverme con seguridad y firmeza.
En momentos así agradezco a mi hacedor por infundirme paz,
calma y quietud para conservar la alegría de vivir y y sobreponerme a las
circunstancias que no puedo cambiar, pero a la vez, saber que todo pasará
y que en cualquier situación puedo contar con mi Sustentador y Redentor.
¡Gracias Salvador! por los salmos de David, por los
proverbios de Salomón, por los evangelios que plasmaron tus discípulos, por la
gente que saluda, por los labios que sonríen, por los corazones que cantan;
gracias, pues con estos, encantas mi entorno y mi esperanza, gracias por ser
capaz de agradecerte al visualizar tu gracia.
Hoy alabo el conocerte, reconozco que eres bueno, tu
benignidad me alcanza, me devuelve la confianza; por todo ello te amo y declaro
en esta hora que comienzo a ver la aurora con sus brillantes destellos y una y
otra vez prefiero que seas mi compañero en camino real o incierto.
Comentarios
Publicar un comentario